Cuando el dolor emocional golpea al corazón

Cuando el dolor emocional golpea al corazón

El trauma emocional es un acontecimiento que la persona experimenta como negativo, estresante y amenazante de forma intolerable; una experiencia que la conmueve profundamente, la hace sentirse sobrepasada y emocionalmente vacía. Existe una condición que puede surgir como consecuencia de un trauma emocional tan profundo, el llamado «corazón roto».

El llamado «corazón roto» es una expresión metafórica que describe una manifestación biológica con síntomas físicos reales. La metáfora del corazón roto se remonta a la antigüedad; en las culturas antiguas, el corazón era considerado el centro de las emociones, del alma y de la propia vida. En la literatura, la poesía y la filosofía, el corazón roto simboliza un dolor insoportable y el duelo, a menudo asociado a un amor perdido.

En la afección médica conocida precisamente como síndrome del corazón roto (o miocardiopatía por estrés o síndrome de Takotsubo, como la denominaron los investigadores japoneses que la estudiaron por primera vez), un intenso estrés emocional provoca un debilitamiento temporal del ventrículo izquierdo del corazón, causando síntomas similares a los de un infarto. Sin embargo, a diferencia de un infarto, no existe una obstrucción de las arterias coronarias, sino un efecto directo sobre las células cardíacas por parte de la adrenalina producida masivamente tras el acontecimiento estresante.

La afección es más frecuente en las mujeres y, cuando se diagnostica, es reversible. El «corazón roto» es, en general, una combinación de dolor emocional y de las respuestas biológicas del organismo al estrés. Aunque el sufrimiento puede ser temporal, en los casos más extremos puede tener consecuencias graves para la salud.

Este vínculo entre las emociones y el cuerpo pone de manifiesto hasta qué punto las experiencias emocionales pueden influir profundamente en nuestro organismo y en nuestro bienestar físico. Pensemos, por ejemplo, en cómo el dolor emocional suele percibirse de una manera muy física: cuando vivimos situaciones emocionalmente dolorosas podemos sentir hambre o pérdida de apetito, fatiga crónica, malestar general, insomnio o hipersomnia, e incluso palpitaciones y dolor en el pecho.

Desde un punto de vista biológico, un intenso dolor emocional puede afectar al cuerpo a través del sistema nervioso y hormonal, con efectos especialmente sobre el corazón. Disminuyen los niveles de dopamina y serotonina en el cerebro, aumentando la sensación de tristeza y ansiedad; como respuesta al estrés intenso, el sistema nervioso autónomo, en particular el sistema simpático, se activa liberando adrenalina y cortisol, con un aumento de la frecuencia cardíaca, de la presión arterial y de la tensión muscular.

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